Dijo más de lo que incluso yo en el momento pude entender... Y uno piensa que los niños no saben nada !!.
domingo, 21 de marzo de 2010
Emely
Dijo más de lo que incluso yo en el momento pude entender... Y uno piensa que los niños no saben nada !!.
miércoles, 20 de enero de 2010
De gracias y Desgracias.
De rabia, de aquella que nunca me aventuro a sentir.
De pena, y lagrimas… por esos que si fueron besos, y este que si es dolor.
Por mis sonrisas que nunca, nunca fueron falsas… y tus bromas que en verdad no eran tan aburridas.
De gracias, como los monos, por derribar murallas invisibles, que son las más difíciles porque de éstas nunca se sabe hasta que caen y suenan fuerte como advirtiendo el peligro venidero. Lo indiscreto es que para entonces no hay caminos para arrancar ya que en casi todos los casos… no es la intención oirlos, caminante no hay camino hacia donde nadie quiso ir antes.
Yo fui ese casi que escuchó el llanto de los cristales con un fuerte scrach! (probablemente amplificado por mis sentidos algo entorpecidos del momento)… y haciendo camino al andar corrí tan obnubilada y torpe que tropezaba sin advertir el dolor temerosa del mismo.
Asumir con daño por condenas de la memoria emotiva cosas que de cuna son bellas, no es fácil, te sientes deseante y temeroso. Te sientes cobarde… pero te muestras más duro para no prestar sospechas.
Desgracias que la comunicación no solo se predica, aunque el predicar sea un acto comunicativo. Desgracia que mi pasión es torpe, asfixiante y por más quemante que sea no sabe luchar.
Pero aunque Des-gracia y Des-consuelo sean mis ángeles consejeros. No esperaba un Des-aire, tan poco fresco como el aire mismo… No esperaba, nunca espere… porque esperar me Des-espera.
Y finalmente Des-esperanza.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Teoria Gota a Gota.
Si escogemos sumergir nuestro Jarro en estanques de agua turbia, cada vez necesitaremos estar más absueltos en ella porque el dolor de este vaciamiento es desesperante, los umbrales de tolerancia y necesidad se distorsionan, y por lo tanto nos llenamos y llenamos hasta colapsar el estanque, finalmente rebalsándolo para eliminar lo que contaminado como el mismo cuerpo cuando se intoxica… Pero esto es lentamente, gota por gota… lágrima por lágrima. Nos damos cuenta de que el resultado último no es más que emociones negativas y angustiantes, desarrollamos una sed y adicción enfermiza de esta agua turbia, que nos pide cada vez más para sentirnos estables. En nuestra calidad de humanos y su instinto de supervivencia nos damos cuenta, tomamos conciencia y adquirimos el conocimiento de la respuesta correcta. Sabemos que tenemos que dejarlo, sabemos que debemos cambiar de aguas, pero no lo creemos posible, descansamos en el cartel de adictos.
Cuando decidimos por fin enfrentar este derrame asumiendo que quizás resulte un proceso doloroso que queremos asumir para terminar con la angustia y la intoxicación obstinada, pasamos a otra etapa muchas veces no muy diferente: Sufrimos en la abstinencia hasta que ya nos sentimos algo recuperados, mejor, con más fuerzas. Pero ya no queremos seguir sintiendo el dolor de este “vaciamiento”, nos creemos fuertes y más preparados. Optamos claro… por el camino más fácil: nos quedamos ahí, estancados… con el mix de agua turbia y purificación que estábamos logrando, o peor aún, volvemos a sumergirnos en el estanque turbio a la mínima sensación negativa que nos haga sentir que en realidad seguimos siendo unos adictos sin remedio. La verdad es que buscamos cualquier cosa como excusa, porque siempre nos hacemos adictos a la mierda y volvemos a ella (mierda que nos anestecia). Si, Siempre es más doloroso escoger vaciar el estanque por completo… y es comprensible, es mucho más fácil, mucho más cómodo llegar al tope que te anestesie a el fondo desgastado (no es asi en realidad, pero en el momento uno lo cree). Además si estás ya acostumbrado a lo rápido… y ya te han dicho que el otro estanque es al principio más amargo… ermmm… (...)
sábado, 26 de septiembre de 2009
hacer lo correcto... el trhiler del dia o.O
En adelante no me pude concentrar en nada más... me senté en el computador pidiendo opiniones por msn hasta que…suacatelas! la barra espaciadora de mi teclado falló, el enter tampoco quería marcar… y acto seguido el pc se apago, algo ridícula yo lo primero que pensé (asustada) fue ¡el karma! Pero en realidad era Vicente quien había mojado el teclado, así que lo seque y pasó. Esta estupidez me hizo entender que aquella idea saldría ante cualquier mal evento.
En adelante vino la tortura… Baraje todas las posibilidades, de que la dueña era una niña chica (por las fotos) que no lo necesitaba, y el típico “si vuelven a llamar contesto” pero volvieron a llamar y nadie se atrevió a contestar.
Al final me senté y reflexioné: yo siempre juré que si yo me encontrara un celular lo devolvería … por mis experiencias pasadas y porque me considero una buena persona, recuerdo que incluso una vez tuve un debate respecto a lo mismo con la que entonces era mi amiga Maria Jose… Pero ahora estaba con la tentación en mis manos, y otra cosa es con guitarra!. Si conservaba el celular… iba a tener un bien material (que de alguna manera nos hacen felices, si también nuestras posesiones nos dan felicidad pa que estamos con cosas… nunca tan budista (aún)), y el diablito que me decía que en realidad era un pelo de la cola, y que lo podríamos balancear haciendo otras cosas buenas… Entonces aparecía el ángel en el otro hombro y me decía que a fin de cuentas lo que hacemos queda escrito y no se borra con nada, sobre todo si caemos en la cuenta de que podríamos hacer daño con ello. Decidí devolverlo, entonces se lo pase a mi papá y le dije… toma tenlo tu (me acobarde un poco) y le di a entender que mejor lo devolviera.
Pasó toda la tarde con él, lo miraba, lo abría… veía como arreglarlo. Incluso Escuche que sonó una vez y lo apago. … se veía intranquilo, asumo que tenía la misma angustia, y yo con mis sentimientos ambiguos pensando en que al final había optado por quedárselo. Pero en un momento lo escuché hablar por teléfono, salió… y cuando entro me dijo con aire notablemente orgulloso y relajado… “Ya! Se termino el cuento del celular”, lo mire sonriendo y le dije…”¿lo devolviste?“Y el contento me responde “si”… Entre el orgullo que yo sentía por él y él por su actuar, el relajo y la alegría... se nos olvido por completo la “perdida” del que por algunos momentos fue “nuestro” insignificante bien material.

