“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.
Joaquín Sabina
“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.
Ruido… aquel estímulo poco agradable (cualquiera) que entorpece la clara percepción de nuestros sentidos, haciendo que el mensaje último llegue a nosotros en ocasiones demasiado distorsionado para poder entenderlo.
En general debo decir que en mi vida he sido demasiado receptiva al ruido, tanto que me convertí en una persona mucho muy perturbable. Bueno igual no soy el eslabon perdido...a todos nos pasa en distinta intensidad, no es muy difícil sucumbir ante los estímulos externos que no pedimos y no queremos tener en nuestro ambiente, todos desariamos siempre tener el control de qué y cómo nos pasa…
Pero yo perdí muchos años en esta disputa con el mundo, el ¿Por qué así? Y el ¿Por qué a mí? Eran constantes en mi discurso, y los pronuncie muchas más veces de las que hubiera deseado. La verdad es que aún no he podido controlar eso, pero ahora mis ideas cambiaron, porque aunque el exterior sea una mierda con patas… no es su culpa que nos perturbe, si no de nosotros que se lo permitimos, al fin que eso ya no puede ser más mierda… nosotros sí.
Transformemos lo que nos molesta del ambiente, tomemos el ruido, integrándolo a nosotros y haciéndolo melodía. Algo así como un soundtrack... el soundtrack de nuestra vida, el que así como en las películas aparece acompañando al actor esporádica y repentinamente sin preguntarle, sin que él lo pueda elegir...
En adelante no me pude concentrar en nada más... me senté en el computador pidiendo opiniones por msn hasta que…suacatelas! la barra espaciadora de mi teclado falló, el enter tampoco quería marcar… y acto seguido el pc se apago, algo ridícula yo lo primero que pensé (asustada) fue ¡el karma! Pero en realidad era Vicente quien había mojado el teclado, así que lo seque y pasó. Esta estupidez me hizo entender que aquella idea saldría ante cualquier mal evento.
En adelante vino la tortura… Baraje todas las posibilidades, de que la dueña era una niña chica (por las fotos) que no lo necesitaba, y el típico “si vuelven a llamar contesto” pero volvieron a llamar y nadie se atrevió a contestar.
Al final me senté y reflexioné: yo siempre juré que si yo me encontrara un celular lo devolvería … por mis experiencias pasadas y porque me considero una buena persona, recuerdo que incluso una vez tuve un debate respecto a lo mismo con la que entonces era mi amiga Maria Jose… Pero ahora estaba con la tentación en mis manos, y otra cosa es con guitarra!. Si conservaba el celular… iba a tener un bien material (que de alguna manera nos hacen felices, si también nuestras posesiones nos dan felicidad pa que estamos con cosas… nunca tan budista (aún)), y el diablito que me decía que en realidad era un pelo de la cola, y que lo podríamos balancear haciendo otras cosas buenas… Entonces aparecía el ángel en el otro hombro y me decía que a fin de cuentas lo que hacemos queda escrito y no se borra con nada, sobre todo si caemos en la cuenta de que podríamos hacer daño con ello. Decidí devolverlo, entonces se lo pase a mi papá y le dije… toma tenlo tu (me acobarde un poco) y le di a entender que mejor lo devolviera.
Pasó toda la tarde con él, lo miraba, lo abría… veía como arreglarlo. Incluso Escuche que sonó una vez y lo apago. … se veía intranquilo, asumo que tenía la misma angustia, y yo con mis sentimientos ambiguos pensando en que al final había optado por quedárselo. Pero en un momento lo escuché hablar por teléfono, salió… y cuando entro me dijo con aire notablemente orgulloso y relajado… “Ya! Se termino el cuento del celular”, lo mire sonriendo y le dije…”¿lo devolviste?“Y el contento me responde “si”… Entre el orgullo que yo sentía por él y él por su actuar, el relajo y la alegría... se nos olvido por completo la “perdida” del que por algunos momentos fue “nuestro” insignificante bien material.
La realidad es devenir constante, y cada segundo en el que nos entrampamos… puede significar un duelo cuando lo abandonamos. La historia que podemos inventarnos para seguir creyendo, puede ser útil para hacernos protagonistas de un final mejor... de cuento, pero con mi amiga yesi nos preguntamos ¿qué pasa cuando nunca estamos listos para abandonarla?.